Semanario La Verdad, 6 febrero de 1977
Miguel Martínez Monge
Asociación Española de Críticos de Arte
Óleos de muy diversas formas expresivas nos muestran diversas acciones y variados modos de enfrentarse con la Naturaleza o con las gentes que han servido de modelos para sus obras.
Lo primero que salta a la vista al apreciar una exposición de la amplitud en cuanto al tiempo y la forma, son los cambıos que, a lo largo de casi 30 años, ha venido experimentando su forma de hacer.
Épocas en las que las superficies de sus cuadros eran tratadas a base de colores casi planos y en las que el dibujo -nunca excesivamente saturados- resultaba lo mas representativo, junto a otras en las que los pigmentos tratados con fuerza se amontonan en masas elocuentes ganando en variedad y valentía.
Pero no es una evolución cronológicamente ordenada. En la obra de Enrique Lledo se aprecian fluctuaciones técnicas que nos asoman ya a una, ya a otra forma de pintar.
A veces sus telas, apenas recubiertas por el leo nos ofrecen su propia textura dejando incluso espacios desprovistos de color. Otras, la materia gana personalidad y se convierte en frase expansiva, acercándose a un mayor colorismo y prescindiendo de esa anécdota irrenunciable de los paisajes muy conocidos.
Guadalest, Benimantell, Beniardá, Orcheta, el Maigmó o el Puig Campana se asoman a sus lienzos disfrazados de violeta, de grises, de blancos o de ocres, junto a retratos, algunos de épocas mas remostas, tratadas con devoción.
Personalmente me gusta mas Lledó cuando pone más fuerza en su pintura, cuando vierte sus materias, sin regateo, cuando hace contender los colores sin timideces, poniendo toques de amarillo, de naranja o de negro, como refuerzos de una obra que entiendo más directa y apasionada.
En esta exposición puede conocerse de cerca y ampliamente la obra de Enrique Lledó.
Miguel Martínez Monge
Asociación Española de Críticos de Arte